"Como no sabía que era imposible, lo hizo"

miércoles, 6 de enero de 2010

1 día de los 365


La gente tiene la manía de volver a empezar sus vidas cada día 1 de Enero. Hacen y deshacen, dicen y se callan, buscan suerte por todos los lados, hacen una fiesta –como si se fuera ha acabar el mundo- y se van a dormir pensando que mañana es otro día, el día que el marcador se pone a cero, el día que vuelve a empezar la cuenta atrás, el día de preparados listos ya…

Es un día más. En realidad, “volvemos a empezar” muchas veces. Cada vez que perdemos a alguien, intentamos hacer un borrón y cuenta nueva, intentamos aprender a sobrevivir, a recordar de otra manera. Cada vez que conocemos a alguien, es como abrir una puerta a cosas y maneras nuevas, como una ventana que desconocíamos. Cuando es invierno por que es invierno y cuando es verano por que es verano. Cuando te hacen daño, cuando te dejan el corazón hecho trocitos muy pequeños, entonces sí que cuesta volver a empezar, pero lo haces, por que la vida está que rebosa de ventanas. Pero cuando te enamoras no cuesta nada volver a emprender un camino, en realidad te gustaría estar cada día empezando, cada día teniendo la sensación, esa sensación de que todo esta por estrenar.

En realidad, si te paras a pensar un poco te das cuenta de que todas las cosas en nuestra vida tienen un sentido, una razón. Todos los finales son también comienzos. Lo que pasa, es que como siempre, no lo sabemos en su momento justo, ni tampoco en el minuto de después…

3 comentarios:

Nanah dijo...

A veces es necesario poder tener la vana esperanza de que la vida nos "avisa" de que es un momento para volver a empezar.
Siempre nos toca darnos cuenta de cuándo algo va mal, de cuándo se acaba y cuándo comienza. Y no siempre es fácil.
De esta manera todos, a una, comenzamos (aunque yo me abstengo, siempre he sido más dada a la evaluación contínua)

Feliz 2010 =)

Fidel dijo...

=)

Creo que nuestra vida está excesivamente marcada por los libros o el cine, lugar donde las historias tienen un principio y un final concreto. Por ejemplo, a la hora de escribir un libro, siempre puedes cambiar el principio si no te convence, o puedes elegir un final que se adecue mejor a lo que tu habías previsto o a lo que agradará a tus lectores.
En cambio, la vida es diferente. Sólo hay un principio, y en cuanto al final... también es único. Sería agradable ser un personaje de videojuego y reiniciarse tras el -insert coin- pero no planteamos bien las circunstancias de nuestra realidad. Siempre deseamos enamorarnos y ser felices, pero obviamos que después de la etapa de felicidad llegará un declive que sea probablemente más terrible que nuestra situación de ansia actual. Creo que en el fondo soy distinto, y a veces un jodido pesimista que no sabe dar consejos, porque me doy cuenta de eso. De que no podemos establecer un principio a nuestra elección ni un final en el cúlmen, sino que la consecución de hechos seguirá su curso, y lo más seguro es que el final sea triste.
Pero el reloj no es quien debe parar. Al fin y al cabo, lo hemos inventado nosotros.

Un abrazo.

PD: Estos días estoy un poco vacío para escribir... aunque intentaré provocar a la inspiración, aunque solo sea un poco... para estimularla =)

Basurero Usurero dijo...

Sin un sentido nuestra vida carecería de sentido, necesitas necesariamente tener un norte, saber que hay un fin; de lo contrario vagabundeamos por la vida como ave sin rumbo. La vida sin sentido no es vida, es sobrevivencia.