"Como no sabía que era imposible, lo hizo"

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jueves, 14 de octubre de 2010

Quiero una caja llena de tiempo


Tiempo. El tiempo es eso, sin más (y sin menos). Tiempo. Es un regalo que ya ni abrimos, que a veces ni disfrutamos. Ojalá el tiempo se tuviera que ganar, que costará un esfuerzo. No hablo de que tuviéramos que cómpralo (aunque algún listillo lo inventará). Quizás sería bueno que tuviéramos que trabajarlo. Que no siempre pudiéramos conseguir el pleno, las 24 horas.

Creo que así lo disfrutaríamos más, nos sabría mejor. Las personas somos así de simples (y de complicadas).

PD: Menos mal que a veces hay un poco de luz en el túnel (gracias Chile)

miércoles, 25 de agosto de 2010

Mentalidades

Tengo un cacao mental entre lo que debería hacer, lo que quiero hacer, lo que no tengo que hacer, lo que quiero sentir y lo que quieren que haga. Necesito saber qué es lo qué tengo que saber.

De todas maneras, a veces creo que padezco algo parecido al masoquismo. Cuando veo que algo tiene un tanto por cien elevado (elevadísimo) de que salga mal, no me aparto. Quizás necesito sentir que cuando supere, lo que parece insuperable, me sentiré capaz de todo. Una superwoman o algo de ese estilo
 .

miércoles, 23 de junio de 2010

Otra despedida

Últimamente solo hago que decir hasta luego. Ésta es, sin duda, la mejor fotografía de la II Guerra Mundial

jueves, 11 de marzo de 2010

Recordar


Hoy va a ser un día más. Si te paras a pensar un poco, tendrás esa sensación de que hoy, como siempre, vuelve a pasar el tiempo. Unos nacen, otros se despiden, otros bautizarán este día como el día más feliz de sus vidas, otros esperarán olvidarlo lo antes posibles.

Cojo el tren como siempre. Son solo 5 minutos hasta llegar a la universidad, pero entre tú y yo, son los mejores 5 minutos del día. Me quito los auriculares, cojo el periódico y observo. Hoy todos estábamos parados en la misma página. Atentados del 11 de Marzo de 2004. Dejo de leer por un momento y observo. Veo vida, huelo sueños, escucho ilusiones… ¿dónde se las habrán llevado? Se me pone la piel de gallina al recordar las casi 200 victimas mortales, el ruido de las ambulancias, las noticias, las mentiras, la injusticia, la gente en la calle…

Son cosas que nunca entenderé, nunca podré llegar a comprender por qué alguien te puede quitar la vida. Es curioso, quizás sean los juegos del destino o quizás sea una señal –un poco escalofriante, por cierto- para que hagamos algo, para que no solo nos acordemos hoy, 11 de Marzo, de estas cosas tan poco justas, de esta masacre y de todas las otras.

Una vez más llego a la misma conclusión: queda mucho por (empezar) a hacer.


lunes, 8 de marzo de 2010

Blanco ( y no negro)

Hoy todo el mundo habla de la nieve. De lo blanco que está todo, del frío que hace y de lo raro que está el tiempo. Yo hablo de día de hoy. Hoy es un día para mí y para muchas. Porque somos la vida y porque queremos contar, igual que vosotros.

lunes, 18 de enero de 2010

¿Dónde acaba lo moral y lo ético?

Hay momentos en la vida en que una sola decisión, un instante, puede cambiar irremediablemente el curso de las cosas. Y nunca podrás volver atrás.
Reportaje aparecido en El País, 18 de enero de 2010
A los bomberos voluntarios de Castilla y León que rescataron el jueves al niño Regi les ocurrió este sábado una de las peores cosas que le puede suceder a un bombero en una catástrofe. Igual que el día en que rescataron al chiquillo de cuatro años, llevaban más de dos horas de trabajo en un hotel derrumbado de la zona centro. Habían logrado despejar el camino para salvar a una adolescente que llevaba seis días atrapada.
-"Tranquila princesa, tranquila, ahora mismo te sacamos de aquí".

Daba igual que ella no entendiera el español. Apreciaba el calor de sus palabras igualmente. En la calle se iban apelotonando la gente con la esperanza de verla salir. Varias decenas de haitianos con el alma en vilo. Pero de pronto se oyeron ráfagas de disparos en la calle de al lado. El jefe de la expedición, Francisco Rivas, de 50 años, notablemente abatido, relataba el suceso: "Apenas nos faltaba media hora para sacarla de allí. Era una cría de 14 o 15 años. Yo estaba dentro del edificio, no oí los tiros. Pero los escoltas de la ONU que llevábamos sí que los oyeron. Eran canadienses, pakistaníes y jordanos. En total, 16 hombres con tres vehículos. Cortaron la calle y yo pensé que todo estaba tranquilo pero los tiros debieron seguir y ellos nos dijeron que teníamos que irnos ya: '¿Qué preferís, que muera ella o morir vosotros?'. Llegado este momento del relato Rivas se excusa: "Me vas a perdonar, pero me resulta muy difícil seguir hablando".
-Apagad los cigarros y no miréis a nadie-, pidieron los escoltas a los bomberos y a las dos periodistas españolas que les acompañaban.
Otro bombero continúa el relato del jefe de la expedición. "Dentro no éramos conscientes del follón que había fuera", añadió Óscar Vega, quien rescató al niño Regis el miércoles. Había otro muerto con ella. Y sacando el muerto lograríamos sacar a la chica. Un médico nos dijo que abriéramos más espacio para meterle una vía en la carótida y mantenerla consciente. Cuando dijeron que no contábamos con mucho tiempo, decidimos sacar todo el escombro posible sin miramientos para extraerla de allí. Pero los escoltas insistieron en que seguían los tiros afuera. Y entonces no nos dio tiempo ni a sacar algunas de nuestras herramientas. La chica se me quedó mirando. ¿Pero qué le dices? No le puedes decir nada, porque no le vas a decir "ahí te dejo".
Mi compañero Raúl Rodríguez y yo, que fuimos los últimos en salir del edificio, dijimos que estaba muerta. Era la única forma de evitar altercados, porque la gente no habría aceptado que nos fuéramos. Aún así, se resistían a dejarnos marchar.
El jefe de seguridad, que era canadiense, estuvo muy expeditivo y eficaz al apartar a la gente para que pudiera salir nuestro camión de entre la multitud. Si no, no sé qué podría haber pasado.

miércoles, 13 de enero de 2010

Gris(muy oscuro)


Soy de ése tipo de personas que cree que todo se construye, dejo muy poco al destino. La buena suerte se construye –la suerte es azar-, la gran parte de la felicidad también hay que edificarla uno mismo, a veces, incluso he llegado a creer que el amor también se puede construir.

Hoy ha sido uno de eso días en que todo lo he visto de un gris (muy oscuro). El destino, ¿ a qué juega? . Me he levantado con la noticia de Haití. Un terremoto en el país más pobre del mundo. Automáticamente la pregunta ha sido ¿por qué?

Nunca he entendido estas cosas. Suena tópico, pero es cierto. Siempre suceden las cosas a quién menos se lo merece. No creo que esto pueda considerarse “merecido” para alguien, pero creo que estas personas, que estas vidas, no pueden pasar por esto, también.

Es increíble ver el pavor con el que la gente busca a sus seres queridos, esperando que alguno esté vivo. Es escalofriante ver cómo han quedado, mejor dicho, como han desaparecido las barriadas más pobres. Ver montones enteros de personas que han perdido su vida, intentando escapar de algo inesperado. Entonces pienso, ¿y ahora qué?

La naturaleza es así, supongo que para su juicio no hay justo o injusto, no puedo juzgarla. Pero hay cosas que sí son condenables. No estoy al corriente del tema, pero por lo poco que sé, y desde mi humilde opinión, un terremoto no viene tan de improvisto, no se puede evitar, evidentemente, pero sí preveer, en cierta medida su futura existencia. Hay expertos. Mi pregunta es ¿qué hubiera pasado si fuera en Estados Unidos? ¿Éste es el precio a pagar por ser el país más pobre, por no tener recursos?.

Dejando este tema, reemprendo otro. La mayoría de las informaciones que nos han llegado de los medios es: “No hay víctimas españolas”, “Los trabajadores de la ONU están heridos”. Es preocupante, pero no es lo más preocupante, no es lo más urgente. Son personas, igual que las más de cien mil que han muerto.

Perdonarme por a querer cambiar el mundo , pero, supongo, que la esperanza es lo último que se pierde.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Despreciable guerra


Tenía muchas expectativas contigo, tantas que daba incluso miedo. No las he perdido aún del todo –llámame ilusa–, pero estoy decepcionada.

Nobel de paz. Pensaba que se lo concedían a la gente que había hecho algo por la paz, no a la gente que tiene en mente hacerlo, o al menos eso dice –facta non verba–. De todas maneras, creo que es un buen estímulo para crear la paz, solo hay que saber utilizarlo, o mejor dicho, demostrarlo.

La guerra es un territorio donde la gente muere porque sí, donde no sabes si mañana habrá acabo, al menos para ti, y podrás volver a casa, a la paz. Es un sitio donde hay dolor, tristeza. “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre si por la decisión de viejos que se conocen y se odia”, Erich Hartmann.
“Ciertamente en una guerra todos somos víctimas. Los muertos y también los vivos, traumatizados por unos hechos, por unos recuerdos que marcarán indefectiblemente nuestras vidas. Pero quienes padecen la mayor crueldad, más allá de los que quedaron en el camino, anónimos bajo la tierra, son los más inocentes”, Javier Nart
“Una auténtica historia de guerra nunca es moral. No instruye, ni alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento, ni impide que los hombres hagan las cosas que siempre hicieron. Si una historia de guerra parece moral, no la creáis.” Tim O’Brian

Así que desde mi más sincera humildad y mi poco saber –y considerándolo una persona muy inteligente– le invitó a pensar, a replantearse eso de : “el uso de la fuerza no sólo es necesario sino que está moralmente justificado” o lo de “la guerra no debe glorificarse y su coste es “elevado”, pero “los instrumentos de la guerra tienen un papel que jugar para mantener la paz”.

Tal vez, lo necesario sería que todos –incluyo a gente de a pie, políticos, reyes, ricos, asépticos y religiosos, a todos– en algún momento de nuestra vida, viviera una guerra, aunque solo fuera durante diez minutos. Quizás, sería esta la única receta para que todos aprendiéramos a despreciarla.