
A mis 18 años pisé la universidad por primera vez. No en el sitio que quería ni con el que había soñado siempre, pero sin darme cuenta dejó de importarme. Allí me encontre contigo. Estabas igual de perdida que yo, pero compartíamos las mismas ganas de encontrarnos.
El destino a veces te planea unas casualidades (causalidades) impresionantes. Y ésta, ya puedo decir que fue una de las casualidades de mi vida. Contigo me di cuenta de que hay un mundo diferente (el mío), que existen genios como facto o mishima. Nacieron mis ganas de querer ir para allá y para acá (para econtarte aquí y allí). Que hay una isla (bonitA) que utiliza el antídoto de la pomada para curarlo todo. Empecé a creerme capaz de todo y más. Y, lo más importante, me di cuenta de que aunque alguien esté muy lejos lo puedes sentir pegado a ti. Me tranquilzo conocerte, alivia saber que una no es una extraterreste.
Sí, tu aparición cambio mi vida ¡y menos mal! ¿sabes? las cosas no pasan porque sí, todo tiene una explicación y tengo que confesar(te) que me encanta saber que siempre habrá un motivo para que mi vida tenga una A (gigante). Una A de la que me siento más que orgullosa.
Felices veinte Nina.( el te quiero creo que se ha sobreentendido desde la primera vocal, que por cierto es la A).